Les lletres són carícies, les paraules petons, els versos abraçades i el poema cançó.

diumenge, 24 de febrer de 2013

"El Bosque de las Estrellas"

El meu únic conte escrit en castellà, l’he recuperat del calaix…


El taxista dejó en recepción, la única maleta que llevaba aquel matrimonio longevo. Cuándo se dirigió a su vehículo para partir, apreció a la pareja de ancianos abrazados. Estaban admirando el bosque que se extendía delante de sus cansados, pero pícaros ojos.
Aquella noche, cenaron íntimamente a la luz de las velas. Comieron, bailaron, rieron, y cuando el reloj anunció la medianoche, se miraron a los ojos, y asintiendo con la mirada, salieron a hurtadillas por el ventanal que daba al jardín. Partieron en dirección oeste, tomando el sendero de la Fuente de las Virtudes. Llenaron sus botellines al llegar al manantial, era rigurosamente necesario que fuese de ése agua. Entre risas y jolgorio, los abuelos siguieron caminando. Tenían que adentrarse en el bosque, dirección norte. Avanzaban con la única luz de una linterna, aunque la luna llena les facilitaba la ruta, llegando al fin al inmenso roble. Situándose bajo sus colosales ramas, vociferaron suavemente; Andia, hadas Velines, Andia…
Fue en cuestión de segundos que, unas chispitas luminosas aparecieron por detrás de las hojas moviéndose con suavidad i decoro. Los ojos de aquella pareja emanaron lágrimas de alegría; volvían a contemplar nuevamente aquellas maravillosas criaturas; las hadas VELINES.
Revoloteando en todas direcciones,  les bañaron con la fresca brisa del aleteo de sus alas.
- ¡Bienvenidos mis niños! — canturreo una Velines.
- ¿Todavía nos ves críos, Andia? — preguntó el abuelo a aquella hermosa hada.
- Las hadas Velines, solo vemos el alma de las criaturas, su esencia, su color, su don.
- Jamás os pudimos olvidar bella Andia —añadió la anciana.
Las Velines con sus sublimes colores, los arroparon con sus risas musicales. Una de ellas, se posó delante de sus rostros con el movimiento constante de sus alitas. I les dijo:
-¿Estáis completamente seguros de la decisión que vais a tomar?
- ¡Más que nunca!—respondieron al unísono.
El gran acontecimiento iba a empezar, las Velines brillaban por doquier. Ellos, cautivados por tal resplandor y el murmullo de alegría, se fundieron en un gran abrazo.  
- ¡Ha llegado vuestro gran momento queridos míos! — dijo la encantadora Andia.
Entonces, con un cántico melodioso, aparecieron unas hadas Velines llevando consigo una corona con flores amarillas y naranjas para ella, y con flores blancas y verdes para él. Colocándoselas muy delicadamente en sus cabezas, les invitaron a sentarse en un tronco apostillado bajo aquel árbol de la vida.
Cumplían en todo, querían llegar al final sin ningún atisbo de inseguridad.
Unas Velines les acercaron dos cuencos fabricados a base de hojas color café, y les mandaron vaciar en ellos, el agua recogida en la Fuente de las Virtudes.
Con las manos temblorosas, la pareja no dejaba de sonreír ni un momento. Al son de una música refinada y deliciosa, aparecieron unas Velines de color púrpura. Progresaban danzarinas en dos hileras perfectamente trazadas. En sus pequeñas manitas llevaban destellos color esmeralda. Una a una, fueron volcando los brillantes chispeos en los cuencos de los ansiosos ancianos, esperando estos sus prodigios magistrales. Al término de estas, aparecieron como estrellas caídas de la noche unas Velines color oro con una pequeña concavidad en sus manos. De ella emanaba una luz blanca plagada de briznas de color añil, y cuyo néctar depositaron en sendos cuencos.
Los dos elegidos estaban absortos por la luminiscencia que afloraba de aquel licor tan peculiar.
-¿Habéis decidido el nombre?— susurro Andia.
-¡Rouen! — dijo el hombre.
-¡Licia! — añadió la mujer.
-¿Y el sublime color?
-¡Amarillo los dos!- respondió él.
-¡Bebed pues, mientras los elementales emprenden su labor!
Un torbellino de luces, colores y música, se mezclaron entre sí, provocando una emisión de luz que duro poco más que cuatro segundos Des de entonces, nadie más volvió a verles.
Aquella frondosidad de bosque, fue moteado como;  “El Bosque de las Estrellas”, pues se decía que algunas noches se habían divisado pequeñas estrellas bailando entre los árboles.
Cierto día, un niño que acampaba en esa zona, les reiteró repetidas veces a sus padres, que había conocido a una bonita hada llamada Licia, cerca del gran árbol. Ellos no le dieron la mínima importancia, pues su hijo era muy dado a la fantasía. Pero aquel niño, volvió junto al roble majestuoso al cumplir los setenta años; quería llamarse Idon y le gustaba el color verde.